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6. Se habla español

Las personas que estoy conociendo en Bilbao me dicen que hablo muy bien español. Yo creo que son muy amables.
Empecé a estudiar español cuando tenía doce o trece años. Mi familia se trasladó de Oak Harbor a Camp Pendleton, en el sur de California. Mi padre quiso que yo aprendiera otro idioma y como en la base había muchos niños hispanos yo elegí el español. Todos éramos hijos de militares.
Saber español me ha sido muy útil cuando trabajé en American Airlines y la temporada que impartí clases de inglés en Seattle a inmigrantes hispanos.
Ahora trabajo para una empresa de traducción, y además tengo una persona cerca de mí que me corrige los posts, aunque no todos. A veces está muy ocupado.

Oporto, 2014.


Jueves, 12 de febrero de 2015

26. Flight 77

He encontrado esta foto en la red y he empezado a temblar. He leído que el accidente de ese avión del ejército de los Estados Unidos sucedió en 1960, en los alrededores del aeropuerto de Bilbao.
Miro a la niña, que parece perdida y asustada, y me veo a mí misma, hace más de trece años. Veo de nuevo a Bobby. Me despido de él en el aeropuerto Dulles. Los dos trabajamos en American Airlines. Somos novios. Le han asignado el vuelo 77 a Los Angeles. Fue el avión que cayó en el Pentágono el 11 de septiembre.



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Lunes, 16 de marzo de 2015

27. Des Moines

Cuando empecé a trabajar en American Airlines alquilé una casa en Des Moines. Era pequeña y poco confortable, pero tenía una buena vista de la bahía y estaba a menos de diez kilómetros de SeaTac, donde está el aeropuerto de Seattle. Yo tenía 21 años y nunca antes había vivido sola. Era excitante.
En un descanso en Washington, D.C., conocí a Bobby. Él hacía la ruta desde Los Angeles, donde tenía un apartamento y también estaba la casa de sus padres. Me gustó desde el principio. Era alto y delgado y tenía unos finos rasgos latinos, heredados de su madre. También era inteligente y muy divertido. Era el chico que gusta a todas las abuelas.
Cuando teníamos los mismos días de descanso él iba a Des Moines. Aquellos días yo era feliz.
Después del 11 de septiembre empecé a tener miedo a volar. Cinco o seis semanas después pedí el traslado a personal de tierra. Tuve más suerte que otros compañeros que pidieron lo mismo que yo, quizá por Bobby.
Trabajar en el aeropuerto no era como volar sin miedo, pero era un buen trabajo. Los primeros meses. Luego yo cambié. No quería atender a los viajeros. No quería imaginar que algunos subirían a un avión que jamás llegaría a su destino.
Cuando regresaba a Des Moines oía continuamente el ruido de los aviones volando sobre mi casa. No podía soportarlo. Me sentía sola y mi vida se estaba destruyendo.

En junio de 2002 dejé el trabajo, dejé la casa de Des Moines y volví a Seattle con mi abuela Charlotte.


Jueves, 19 de marzo de 2015