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13. Algo cambió

Cuando conocí a Oskar en Colombia algo cambió en mi manera de hacer fotos. Empecé a fotografiar personas. A veces he hecho fotos en las que hay personas, pero siempre como un elemento más de la composición. En Colombia fue diferente.

Tuve valor para hacer esta foto. Cuando la vi en la pantalla de la cámara pensé en mi padre y en mi hermano Jerome y lloré.


Jueves, 19 de febrero de 2015

14. Oak Harbor

Recuerdo
la nieve hasta mis rodillas aquel invierno tan frío,
el mar, siempre, por todas partes,
el tronco de roble vacío en el jardín del señor DeGraaf.
Recuerdo
el ruido de los aviones de la base aérea naval,
los uniformes de mi padre,
el molino de viento de Beach Park.
Recuerdo
las tartas de crema de mi madre,
las rodilleras del pantalón de Jerome,
la biblioteca sin fin de la escuela Hillcrest.
Recuerdo a mi familia feliz.
 





































Foto: J. Boyd Ellis (1894–1983).


Viernes, 20 de febrero de 2015

38. El incendio

El viernes por la noche dormí en casa de una amiga en Oceanside. El sábado por la mañana vinieron a buscarme en un vehículo de la base.
Cuando llegué a Camp Pendleton me llevaron a un despacho y me dijeron lo que había ocurrido. La casa había ardido con rapidez durante la madrugada, nadie se dio cuenta, los bomberos no pudieron hacer nada. Mi familia no había sobrevivido.
Me lo contaron así, como en un comunicado oficial. Sin sentimientos, sin empatía.
Dije que quería ir a ver mi casa. Me dijeron que allí no había nada que ver. Grité.
No dejaron que me acercara a la casa. Olía a madera quemada. Quemada y mojada. Todo estaba negro y sucio. Recuerdo el frigorífico ennegrecido, todavía de pie, y los muelles de un colchón, el de la habitación de mis padres. Realmente no había mucho más que ver. Todo había desaparecido. También las fotos familiares.
Habían informado a mi abuela Charlotte y ella me esperaba en Seattle. Yo tenía dieciséis años. Viajé sola y sin equipaje.


Lunes, 13 de abril de 2015

39. La verdad

La verdad puede hacerte mucho daño. Primero se lo hizo a mi abuela, años más tarde a mí.
Aquella noche de viernes mi padre puso pastillas para dormir en la cena de mi madre y mi hermano. Cuando se durmieron los llevó a sus camas y los cubrió con las mantas. Después empezó a beber bourbon. En algún momento de la noche fue al garaje y cogió dos bidones de gasolina. Los vació por toda la casa. Siguió bebiendo hasta acabar la botella y abrió otra. Alrededor de las dos y media de la madrugada prendió fuego a la casa. Luego se sentó en el sofá del salón, se puso un cojín sobre la cara, apoyó el cañón de su arma en la frente y disparó.
Muchas veces me he preguntado por qué lo hizo aquella noche y no otra, con todos en casa.


Martes, 14 de abril de 2015