La
verdad puede hacerte mucho daño. Primero se lo hizo a mi abuela, años más tarde
a mí.
Aquella
noche de viernes mi padre puso pastillas para dormir en la cena de mi madre y
mi hermano. Cuando se durmieron los llevó a sus camas y los cubrió con las
mantas. Después empezó a beber bourbon. En algún momento de la noche fue al
garaje y cogió dos bidones de gasolina. Los vació por toda la casa. Siguió
bebiendo hasta acabar la botella y abrió otra. Alrededor de las dos y media de
la madrugada prendió fuego a la casa. Luego se sentó en el sofá del salón, se
puso un cojín sobre la cara, apoyó el cañón de su arma en la frente y disparó.
Muchas
veces me he preguntado por qué lo hizo aquella noche y no otra, con todos en
casa.
Martes,
14 de abril de 2015