Cuando
llegamos a Camp Pendleton en 1992 mi padre parecía estar bien. A veces estaba
nervioso, pero nada más. Unos meses después empezó a estar cansado, muy
cansado, y tenía dolores de cabeza. A menudo yo me despertaba por las noches y
le oía gritar mientras dormía.
Durante
los cuatro años que viví en Camp Pendleton lo vi cambiar muchas veces. Cuando
comenzaba una terapia parecía recuperarse, pero luego seguía fatigado, le dolía
todo el cuerpo y a veces perdía la memoria.
Él
decía que todo lo que le pasaba era por la piridostigmina. Es posible. A las tropas que
combatieron en la operación
Tormenta del Desierto les
dieron bromuro de piridostigmina para defenderse de los efectos de las armas
químicas. Ese medicamento puede causar problemas, pero también estaban los
agentes químicos, los proyectiles de uranio y todo lo que hicieron allí.
Ahora
sé que la enfermedad de mi padre se llama síndrome de la guerra del Golfo. Y
también sé que las guerras no son nunca una solución, las guerras son el
problema.
Foto: William Morris Smith, 1865. Guerra civil americana.
Miércoles,
15 de abril de 2015
